Siento ruido de cristales
rompiendo en tus labios,
siento el frío del metal
manando en mi cuerpo,
la desolación del desierto
en las palmas de mis manos.
Me corre por las venas
una suerte de resquicio del ayer,
culpa, bronca, ira;
un manojo de recuerdos buenos, malos,
sueltos y enredados,
melancolía, pena, sabor a hastío…
Hay un sentimiento aquí latente
pero ya no está vigente.
Ese fuego apasionado
ha optado por ser calma,
ha mutado a la quietud,
se ha quedado estancado, aburrido y callado,
ha dejado de ser si.
Aquello que era hermoso y tan ardiente
se ha vuelto hoy helado y muy hiriente,
fue extinguiéndose poco a poco
junto al instinto de insistir.
Pesa plomo la despedida,
se hace eterna
y se hace urgente concluir.
Se ha quebrado el dulce encanto,
no lo pude reparar,
solo quedan besos rotos
implotando en mí,
obligándome a discernir.
Duele el cuerpo, el corazón, el alma…
Es la hora de partir.


















